“Me gusta tomar cada día para desayunar una infusión de jengibre y cúrcuma en mi taza descantillada que para mí es única por su medida, su color y el tiempo que lleva conmigo”, cuenta Joan Junyent, propietario y jefe de sala del restaurante barcelonés Windsor.
Está muy bien tener un pequeño tesoro de porcelana en tu vida, pero eso no significa que toda nuestra vajilla haya de ser antigua o estar desconchada. Hay que renovarse o morir, y más hoy en día cuando la oferta ha crecido en diseños y texturas de forma notable. Después del boom de la gastronomía, ahora le llega el turno a la mesa, que vive su propia revolución.
Aunque todavía triunfa el plato clásico, se abren paso colecciones coloristas, exóticas o incluso de autor, que pueden combinarse entre sí. Ante tanta oferta, ¿te has planteado si es útil comprar una salsera? ¿Cambiarías un juego de café por uno de té? ¿El bol es el nuevo plato hondo? ¿Cuántas piezas hemos de comprar? ¿Se lleva el minimalismo? ¿Y los platos de gran tamaño o de formas irregulares?
Aclaramos todas las dudas con expertos y delimitamos una docena de errores que puedes cometer si quieres renovar tu vajilla.
Pensar que todavía vivimos en los tiempos en qué la vajilla formaba parte del ajuar que aportaba la novia al matrimonio es un gran error. Hoy en día ya ni siquiera tenemos grandes vitrinas en el salón para guardar la porcelana. Lo más lógico es comprar en función de nuestras necesidades vitales y el tamaño de nuestra casa.
“Hemos de preguntarnos si vamos a utilizar soperas, bandejas de gran tamaño o incluso aliñadores de mesa, unas piezas que en la mayoría de hogares no se utilizan y que nos pueden ocupar mucho espacio”, explica Joan Junyent. Hoy las salseras ya no son útiles porque los platos salen de la cocina con su salsa.
El plato hondo está en desuso. ¿Lo habíais pensado? No tenéis más que fijaros en la cantidad de veces que utilizamos los llanos (incluso para primeros platos) y cómo el hondo queda relegado a contener sopas, cremas o elaboraciones de cuchara, que no cocinamos cada día. La conclusión es lógica. No hay que excederse comprando platos hondos.
“El ratio más habitual es el de dos unidades de plano por cada una de hondo y de postre”, explica el propietario y jefe de sala del Windsor. Como esto lo saben muy bien los fabricantes, hoy podemos comprar piezas sueltas y hacernos nuestra vajilla a la carta.
Tu vajilla te acompaña en tu día a día, por tanto sería un gran error comprarla dejándote llevar por las tendencias o simplemente escoger una sencilla y clásica para que no pase de moda sin pararte a pensar si te gusta o si se adapta a tu estilo. Hoy en día existen múltiples posibilidades, y merece la pena dedicar un poco de tiempo a buscar tu vajilla ideal.
“Lo importante es sentirte a gusto con tus platos, disfrutarlos. Nuestra casa no es un museo”, dice David Martel, que, como Joan Junyent, considera un sacrilegio tener una vajilla preciosa y no utilizarla por miedo a que se rompa.
El mix and match (mezclar y combinar), un término habitual cuando hablamos de ropa y de look personal, es perfectamente trasladable al mundo de la vajilla. “Nos puede dar mucho juego combinar elementos de distintas vajillas”, apunta David Martel, que pone como única condición “mezclar con sentido de la estética para conseguir una mesa bonita”.
Aunque puede haber vajillas de muchos tipos, la porcelana, el gres y la loza son tres materiales muy comunes que conviene saber distinguir. “La porcelana es la que da una apariencia más refinada a la vajilla por ser un material traslúcido”, explica Pere Aguadé.
Aunque podemos encontrar diferentes calidades de porcelana según las mezclas y la cocción que se realice. “Ahora se lleva mucho la Boune China porque es muy ligera, resistente y más asequible”, apunta Junyent.
En una sociedad que aspira a ser sostenible, deberíamos consumir pocas piezas y buenas. Pero en muchas ocasiones preferimos decantarnos por opciones más económicas e ir variando según la moda, aunque sabemos que esos platos no nos durarán tanto. “Lo importante es que tengas piezas resistentes, que toleren el lavavajillas y que te gusten”, dice Junyent.
En el mercado encontramos una oferta muy diversa de materiales, que incluye también el plástico. Es frecuente ver vasos de colorines en las fiestas infantiles, que aunque tienen una apariencia inocente, esconden riesgos.
Algunos plásticos en contacto con el calor liberan disruptores endocrinos como el BPA que pueden ser muy perjudiciales porque pueden llegar a modificar el comportamiento de nuestras hormonas.
Si buscamos platos sofisticados y nos decantamos por los que tienen decoraciones en oro o platino no hemos de temer por una posible toxicidad. David Martel explica que el único requisito es no meterlos en el microondas porque ese tipo de horno no admite el metal. Tampoco es aconsejable lavarlos de forma continuada en el lavavajillas (“solo de vez en cuando”) porque son delicados y podríamos perder la decoración.
Vuelve el gusto por decorar las mesas. Estamos en un momento en que la presentación de la mesa se considera una muestra de respeto y amor a tus invitados y eso juega a favor de las vajillas. No tenéis más que ojear Instagram o revistas de decoración para constatar que se lleva el estilo barroco, recargando sin complejos el mantel con platos, cubiertos, vasos y flores, aunque siempre con una línea estética definida y buscando el equilibrio.
Antes de lanzarnos a comprar tazas de café, los expertos aconsejan preguntarnos primero si realmente las necesitamos. Si la respuesta es afirmativa, la siguiente cuestión es delimitar si nos vale la pena comprar un juego completo, con cafetera, azucarero como marca la tradición. Tal vez, si somos pocos en casa, solo sea necesario conseguir un par de tazas con su platillo (y alguna más por si tenemos invitados) del tipo y diseño que más nos agrade.
Para Joan Junyent el vaso perfecto es el que, además de gustarnos, tiene una medida media de unos 300ml. Si es mayor resulta pesado e incómodo y si es más pequeño “te pasarás la comida pidiendo que te pasen la jarra de agua”.
David Martel nos recomienda ser creativos y jugar con las texturas y colores también a la hora de escoger vasos, eso sí, combinándolos con la vajilla. Hay tanta oferta que podemos hasta mezclar distintos tipos con un mismo hilo conductor. “Elegir copas de cristal grueso grabadas de colores puede resultar muy original, sobre todo si estamos en verano y hacemos una cena en la terraza”, dice el experto.
Un diseño nos puede parecer precioso pero resultar muy poco útil. Por ejemplo, algunos platos grandes disponen de menos espacio para colocar la comida que otros más pequeños porque su ala es inmensa y el hueco central mínimo. Igualmente, si el ala sube de forma abrupta el emplatado puede resultarnos muy difícil.
Con información de La Vanguardia
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