Valdemorillo encuentra en la historia de la antigua fábrica de loza, porcelana y vidrio un capítulo muy importante de su propia historia, porque desde que iniciara su actividad a mediados del siglo XIX, hasta su desaparición en la primera mitad del XX, en ella se forjó, durante casi 100 años, una producción que dio empleo a generaciones de valdemorillenses y fama a la localidad en el plano industrial.
Ubicada en los terrenos donde se alza desde hace más de dos décadas la Casa de Cultura que lleva precisamente el nombre del último de sus gestores, la recordada fábrica va indisolublemente unida a las señas de identidad de esta villa. Y si de allí salieron infinidad de piezas, entre vajillas, artículos de farmacia, material para instalaciones eléctricas y tantos otros productos, ahora en los tres hornos aún en pie, sigue en marcha la fabricación “ininterrumpida” de una labor cultural que hace también de esta localidad un referente.
Todo esto se hace visible para acercar la imagen y la evolución, a lo largo de sus dos etapas, de la fábrica que inició andadura en 1845 con Juan Falcó, que ese año formaría sociedad con Felipe del Callejo, incorporándose meses después Vicente González y Pedro María Rubio, pasando a denominarse Sociedad del Aulencia o de Falcó y Cía. Una primera fase durante la que el proceso de fabricación fue avanzando, llegando ya en 1900 a tener capacidad para producir 1.115.000 piezas con 134 trabajadores. Premio de Mérito en la Exposición de Industrias Madrileñas de 1907, esta primera época echó el cierre en 1914.
Tres años más tarde, José María Giralt adquirió las antiguas instalaciones, construyendo al poco dos hornos más siguiendo el modelo del levantado en la etapa anterior e introduciendo la fabricación de vidrio soplado y resistente al fuego bajo la marca VALMA. Estas y muchas otras curiosidades y anécdotas se recogen en la detallada cronología que acompaña la muestra.
Fotografías, piezas y documentos asoman así en las vitrinas y paneles donde hasta el 22 de octubre el público puede descubrir todo lo relacionado con la antigua fábrica, desaparecida en los bombardeos de la batalla Brunete. Únicamente se salvaron unos muros y las chimeneas, convertidas en auténtico emblema de esta población.
“Esta es una exposición muy singular, porque se muestra la propia historia local, la forma de vida y trabajo de generaciones de valdemorillenses, y por eso seguro que va a despertar un interés especial entre nuestros vecinos”. Así lo apunta Eva Ruiz, quien como concejal responsable del área promotora de la iniciativa señala la posibilidad de apuntarse a los recorridos guiados y talleres que se han organizado como complemento a la muestra y en los que para participar hay que solicitar cita previamente.
En cuanto al horario de visitas, la sala Vulcano permanece abierta de lunes a viernes, de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00h, y los sábados también se puede acudir entre las 11:00 y las 13:00 horas.